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La Cantárida
Entre amor y veneno mortal

Hacer el amor es la cosa más hermosa del mundo. Para ello se necesita de una que otra condición corporal, que al parecer, la naturaleza no otorga a todos los humanos en general. Debido a ello, ya desde el pasado se han procurado utilizar diferentes elíxeres o afrodisiacos para incentivar estos momentos de intimidad: Polvos de cabeza de tortuga y de cuernos de rinoceronte, testículos condimentados de diversos tipos de animales son algunas de las inofensivas variantes utilizadas. En contraposición a ellos, la utilización de la venenosa y bien conocida Mosca de España o Cantárida (lytta vesicatoria) es relacionada ya sea con la tenencia de un gran valor o de una inmensa desesperación, ya que esta, y con razón, es el más temido de los afrodisiacos.

Este insecto, conocido en voz popular como Mosca de España, era utilizado ya desde la edad griega, tanto por los caballeros o también al ser mezclado secretamente en las comidas de las damas para así poder encender su lívido.

Para ello era puesto primeramente a secar para luego ser rayado y mezclado con vino. Al fín y al cabo este hecho puede ser bastante peligroso, pues estos pequeños insectos contienen la sustancia llamada Cantharidin, que al ser tomada en unos cuantos cientos de gramos, podría producir en los humanos una lenta y horrible muerte a concecuencia de graves problemas renales. El efecto deseado era al principio, a pesar de una pequeña dosis, más bien algo dolorosa que satisfactoria pues la cantidad de los amantes que morían en los brazos de sus amadas no se puede pasar por alto. Incontables muertes por envenenamiento pasan, sobretodo en las Cortes Reales, a la cuenta de este vicho aceitoso de color verde metálico. Idealmente se pudo atribuir como motivo de muerte a un exceso del lívido pero las circunstancias fueron en la mayoría de los casos tan vergonzosas que era mejor determinar algún otro motivo. Especialmente fué en las cortes de los últimos Habsburger donde los intrigantes especializados en el arte de poner sobredosis consiguieron verdaderas obras magistrales y mortales claro está.

Este elixer de amor produce también, si se utiliza de manera externa, efectos secundarios poco agradables como permanente y dolorosa erección, enrojecimiento de la piel, formación de ampollas y de llagas infectadas segregando pus. Por ello también se le conoce a este pequeño ser con el nombre de Escarabajo de las Ampollas .

Su utilización exagerada fué, razonablemente y desde hace un buen tiempo, dejada de lado; hoy en día solo se lo utiliza en dosis muy pequeñas y controladas con fines homopáticos de tal manera que la Cantárida no se encuentra más en los preparados así anunciados ya que su utilización ha sido prohibida.

Pero a pesar de ello el mito vive todavía, cómo podría ser de otra manera si hasta el mismísimo Casanova se habría dejado ayudar en sus acciones carnales por la efectiva Cantárida. De todas formas él describe en sus memorias apetitosas recetas para el caso en que la simple mirada a una mujer hermosa no produzca la suficiente calentura erótica. Lo cierto es que él pone su absoluta confianza a los efectos afrodisiacos de hiervas muy conocidas como basílico y perejíl así como también en las ostras y en las muy tentadoras y caras trufas.

Pero el que por alguna razón desea probar de la Cantárida lo puede encontrar en el sur de Europa o en el norte del Africa donde se lo ve crecer en los árboles de fresno o de alheño. En nuestros alrededores se recomienda en este caso, para la cosa más hermosa del mundo, el consejo dado ya por Casanova: basílico y perejíl.

Texto: Alexandra Geiser
Traducción: Juan Carlos Castro Díaz


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